martes, 26 de septiembre de 2017

lunes, 25 de septiembre de 2017



Nada me duele más, que un vallisoletano reniegue de su ciudad.
A ver, todos tenemos el derecho de quejarnos un poco, por ese clima de temperaturas extremas que hacen bailar al mercurio del termómetro más de lo que nos gustaría. Podemos soltar algún suspiro exasperado, por eso de que al fin y al cabo, se acaban conociendo todos los bares y todas las canciones que los acompañan, y todos tenemos ganas de salir alguna vez a conocer sitios nuevos. Que sí, que aunque parezca mentira, más o menos nos conocemos todos. Pero te digo también, que eso pasa aquí y en cualquier parte.
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Que todos nos hemos quedado mirando maravillados las luces del Ayuntamiento o de La Cúpula, por algo nos han dicho que somos la ciudad mejor iluminada del mundo. A todos nos ha gustado pasear por La Calle Santiago, recorrer las tiendas o ver algún que otro espectáculo improvisado. Sentarte a esperar en la preciosa fuente de la Plaza Zorrilla, y echar un vistazo a su alrededor para ver la imponente Academia de Caballería. Creo que todos hemos navegado en el estanque del Campo Grande donde, a bordo de La Paloma, conocíamos las historias que nos contaba El tío Catarro, con su típica gorra de marinero.